Ningún economista, por sabio que parezca, tiene el convencimiento de cómo vamos a recuperarnos de esta resaca económica. No se intranquilicen, no tienen la solución. Es sencillo, simplemente muchos no han comprendido su esencia.
No es nada nuevo, pero ahora que el barco se hunde es cuando las ratas afloran. En todos los estados Occidentales han estallado escándalos de corrupción política, económica y financiera. No estamos peor que hace diez o quince años. El problema es que estamos igual y que, además, ahora se muestran las vergüenzas en público. Y como lo que no se ve no es pecado, ahora sí nos echamos las manos a la cabeza.
La Economía ha fracasado como Ciencia y hemos de reconocerlo, así nos duela. Un análisis técnico bursátil, una visión por la contabilidad de los bancos, unos pocos datos macro, de nada sirven si no poseemos una visión más amplia.
En definitiva, con un nivel cultural en decadencia, a pocos se les ha ocurrido pensar que detrás de todo esto está la naturaleza del hombre, y más en concreto, la peor parte de la misma.
No somos el ser racional económico que busca siempre lo óptimo o se puede prever por siete o diez parámetros. Somos lo que somos, y el haber perdido de vista la capacidad de poder conocernos y de nuestra naturaleza trascendente y libre nos ha llevado al desastre. Quién iba a pensar que bancos casi centenarios jugaban al bingo con paquetes de activos que casi ninguno (¡o ninguno!) de sus empleados compredía. O que decisiones de compra de miles de millones pudieran ser realizadas sin ningún control. O que los balances de todas las cajas de España estuvieran maquillados (unos más, unos menos).
De qué nos sorprendemos. Habremos llegado a la Luna, pero lo peor de nosotros sigue estando allí. Lo mismo que cuando tan apenas conocíamos el metal. Madoff, Ruiz Mateos, Florentinos, Lemhan Brothers, Bankia, Lagarde... Nada nuevo bajo el sol. La diferencia es que durante los últimos 70 años hemos ido moral y humanísticamente cuesta abajo y sin frenos. Casi nadie lo percibía.
La Crisis tiene solución. Un cambio de modelo total, exento de corrientes ultraliberales y de personas carentes de toda ética. Esta es nuestra Tercera Guerra Mundial. No ha sucedido de repente, no ha estallado Chicago o Moscú. Hemos perdido la guerra y tenemos que reconstruir nuestros pueblos desde cero. Como en los tiempos de Adenauer, De Gasperi, Churchill, Robert Schuman...
Fijémonos en su altura de miras.