El derribo del vuelo MH17 mientras sobrevolaba territorio ucraniano está siendo un ejemplo adicional de los cambios de equilibrio de poder en el mundo. Y un "trofeo" para aquellos que siempre intentan profundizar en los sucesos de la sociedad actual.
Sorprende la tibia respuesta de las naciones involucradas o afectadas por el conflicto Ruso-Ucraniano y por este último acto de guerra. Hay que ser claros, un sistema de misiles capaz de derribar un blanco a 10 km de altitud no es comparable a los "stinger" que utilizaron los muyahidines en Afganistán. Los segundos podía lanzarlos personal con mínimo adiestramiento y estaban diseñados para objetivos más sencillos que operaran a menores elevaciones. Los primeros, de confirmarse que fueron el arma del crimen, son sistemas complejos que requieren de personal cualificado, guía de radar, selección de objetivos...
La conclusión es clara. O se confirma la verdad que todos sabían -las milicias pro-rusas son una marioneta de Moscú- o el misil era directamente de dueños soviéticos. Perdón, rusos.
Entre tanto, debilidad remarcada de USA, Europa y todo Occidente en general, que no tiene ni la capacidad ni los arrestos de detener o suavizar el conflicto. Putin sigue asentándose como un nuevo líder de peso mundial y Ucrania abandonada a su suerte por sus aliados. Ni que todos fuéramos franceses.