jueves, 12 de agosto de 2010

Consumo

Aprovechando la herencia de décadas anteriores, y destruido el tejido industrial patrio tras entrar en la UE, el gobierno del PP '96 tomó la única vía posible: el modelo del consumo.

Para que una economía pueda sustentarse en el consumo interno es fundamental contar con dos factores:

  • Una distribución bastante homogénea de la riqueza entre la población. A saber: la clase media.
  • Un sistema financiero capaz de ofertar y conceder crédito.
Ya sé que los liberales odian oír esto de la distribución de la riqueza, que les suena a filomarxista, o peor aún, a keynnesiano. Pero las cosas, nos gusten o no, son así. El consumo sin clase media, no existe. Un pequeño porcentaje de población con acceso al lujo asiático no estimula la economía. Para que se consuma la producción de vino de Rioja hace falta una estrutura social que tenga excedentes de renta para irse de chatos los domingos. El lujo mueve dinero, tiene más margen de beneficio, pero no satisface la oferta productiva de un país. Los pequeños lujos, aquello que está por encima de las prioridades de supervivencia, conforman el consumo masivo. Irse de tapas, unos bombones, el mp3, unos muebles, electrodomésticos e incluso los coches.

¿Pero por qué gasta la clase media? Es decir, ¿por qué realiza gastos superfluos en lugar de ahorrar? Por una parte por condición humana, a todos nos gusta vivir mejor. Por otro lado, por el económico, ese gasto se ejecuta porque existe confianza en el futuro. ¿Pero por qué compramos cosas a crédito? Pues por dos razones que pueden ser una sola: o bien no tenemos todo el dinero o bien tenemos muchísima confianza en el futuro.Y aquí es cuando entra a jugar el sistema financiero.

Así que al final, vemos por dónde se nos escapa el aire: por todos los lados. La clase media está sufriendo toda la virulencia de la crisis, se ahondan las diferencias sociales. Al sistema financiero le cuesta soltar la pasta. Pero por si fuera poco, el condimento que permite sacrificar ahorro y además vender dinero, esto es, la confianza, está completamente destruido.

miércoles, 11 de agosto de 2010

El tarot más caro del mundo

Algunos economistas advierten del riesgo de hiperinflación por las inyecciones al sistema financiero. Otros hablan de deflaciones brutales a causa de un desplome de la demanda, fundamentado en la no concesión de créditos y la baja petición de los mismos por incapacidad de apalancamiento. Unos estudiosos proclaman (Krugman entre ellos, y ojo porque es el mesías de ZP) que hay que subir el gasto público para seguir estimulando la economía (tres años después seguimos igual) y otros hablan de austeridad. Unos dicen que el dólar será refugio; otros huyen de él.

Cuando los economistas no se ponen de acuerdo, algo se me estremece en el interior. Usando el common sense, ¿qué diría cualquier mortal que esto escuchara? Pues sí, que nadie tiene ni puñetera idea de lo que va a pasar. Y teniendo en cuenta que la economía se mueve fuertemente por la expectativa, esto tiene que ser muy mala noticia, porque sin expectativas no hay negocio. Ojo, que con malas expectativas también se hace negocio (aunque no economía).

Quizás esté pasando lo que me ocurre a mí cuando pregunto por una calle. La gente te responde tenga o no tenga idea, el triunfo estriba en no callarse. Total, ya volverá a preguntar cuando llegue a la jungla.
En realidad no es que hablen por hablar, sino que intentan dar una explicación a una situación de "excepcional incertidumbre", que evitando eufemismos significa que nunca ha pasado esto. Ves, esto sí que asusta.

En definitiva, los economistas no se ponen de acuerdo, la situación es sumamente compleja (y lo que no sabemos y lo que no nos dicen y lo que no saben ni ellos), nadie sabe cómo acertar. Mientras siguen jugando a adivinos nuestro sistema se hunde, lentamente pero sin remedio, y tanto sector público como privado continúa pagándoles por acertar la quiniela del domingo. Me parece bien, cada uno se gana la vida como puede.

lunes, 9 de agosto de 2010

El inicio del fin del principio

Hace unos años, antes de todo el tema de la crisis financiera, coincidí en Gatwick con un economista pamplonés. Haciendo tiempo para el embarque, me comentó las tareas que realizaba en su trabajo para un importantísimo banco anglosajón.

-Cogemos lo peor del balance de una empresa, lo titulizamos, lo quitamos fuera del balance y luego lo vendemos. Así mejoramos la calidad crediticia de la empresa y se pueden obtener créditos a menor coste.

Por mi inocente cabeza pasaron muchas preguntas al instante. ¿Titulizar?¿Quitar del balance?¿Eso no es trampa? Y sobre todo, ¿quién coño compra lo peor de una empresa? Tras un segundo de pausa sólo acerté a pronunciar una expresión al estilo aragonés, así, a modo de resumen.

-Oye, ¿y eso no tiene pinta de que un día vaya a petar todo?

Mi acompañante, mientras apuraba la cerveza, me regaló una de esas comprensivas miradas que se realizan frente a alguien que es ignorante y bruto. Con paciencia escolar me instruyó por el camino de la sabiduría.

-Nooo, todo lo contrario. De esta forma los riesgos se diversifican, se comparten de manera global y si existen fallos de pago el riesgo está muy diluido. La parte financiera de Ford es la más rentable... bla bla bla.

Y llegó el momento de marchar. Y ni él quedo satisfecho ante mi falta de fe y ni yo me quedé más tranquilo. Con el miedo a volar en Ryan-air se me olvidaron todas las preocupaciones. No sé por qué,  en estos años, me he vuelto a acordar de mi fugaz amigo pamplonés...

El museo de los horrores

Para todos aquellos adictos al comunismo en sus múltiples formas, evoluciones y derivados, recomiendo que visiten el Museo de La Nación en Lima. Las fotografías conmueven a los más insensibilizados.

URSS, Albania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Polonia, China, Vietnam, Camboya, Cuba, Corea del Norte, Nicaragua, FARC, Sendero Luminoso... La lista de "fracasos" es enorme, la de muertos inmensa. ¿No estará el problema en el origen?

La hoz para la siega, el martillo para los golpes... No podría ser más gráfico.

domingo, 8 de agosto de 2010

De amigos, enemigos y bocazas

Dicen que la calidad y naturaleza de tus enemigos hablan más de tu persona que tus amigos. Es una visión de botella medio vacía, pero creo que no podría ser más acertada. Aunque esto es engañoso, la calidad no se refiere en muchas ocasiones a su relevancia social, sino sobre todo al bagaje de virtudes de la persona. En estos casos la relación suele ser inversamente proporcional.

Los amigos, los verdaderamente sinceros, en realidad son un par de personas; quizá tres, quizá cuatro. Todos aquellos que se ganan la vida, tanto material como espiritualmente, haciendo amigos merecen mi desconfianza inicial. Porque la generosidad del ser humano para compartir su intimidad es limitada, y su virtuosidad mucho más. Hay gente que trabaja en dicho oficio, con muy buena intención, pero que se dejan retratar en paños menores cuando pintan bastos. Vamos, que aun siendo consideradas buena gente, en los momentos difíciles ni están ni se las espera. Esto nos da pie para hablar de los bocazas.

El bocazas. Puede ser un señor que conoces en un AVE Madrid Zaragoza, un antiguo compañero de trabajo, o un viejo amigo. Normalmente los amigos, los de verdad, no suelen ser muy bocas; si no pueden ayudarte en algo te lo dicen en confianza, aunque en un momento de exaltación te hayan prometido el oro y el moro. El genuino bocazas es el captador de amigos profesional. Sí, el de las listas con cumpleaños, el que se anotó el nombre de tu perro, de tu novia y de tus futuros suegros. El que cuando necesite algo no dudará en llamarte después de meses sin hacerte caso.

Pasamos a lecciones aprendidas: Un enemigo te puede dar que pensar sobre ti mismo; un amigo es un tesoro de verdad, un alma gemela; y un bocas, o bocazas, sólo podrá ser un amiguete con el que reírte un rato, hablar un poco de la vida e ir de excursión. Todo lo demás será decepción.