Hace unos años, antes de todo el tema de la crisis financiera, coincidí en Gatwick con un economista pamplonés. Haciendo tiempo para el embarque, me comentó las tareas que realizaba en su trabajo para un importantísimo banco anglosajón.
-Cogemos lo peor del balance de una empresa, lo titulizamos, lo quitamos fuera del balance y luego lo vendemos. Así mejoramos la calidad crediticia de la empresa y se pueden obtener créditos a menor coste.
Por mi inocente cabeza pasaron muchas preguntas al instante. ¿Titulizar?¿Quitar del balance?¿Eso no es trampa? Y sobre todo, ¿quién coño compra lo peor de una empresa? Tras un segundo de pausa sólo acerté a pronunciar una expresión al estilo aragonés, así, a modo de resumen.
-Oye, ¿y eso no tiene pinta de que un día vaya a petar todo?
Mi acompañante, mientras apuraba la cerveza, me regaló una de esas comprensivas miradas que se realizan frente a alguien que es ignorante y bruto. Con paciencia escolar me instruyó por el camino de la sabiduría.
-Nooo, todo lo contrario. De esta forma los riesgos se diversifican, se comparten de manera global y si existen fallos de pago el riesgo está muy diluido. La parte financiera de Ford es la más rentable... bla bla bla.
Y llegó el momento de marchar. Y ni él quedo satisfecho ante mi falta de fe y ni yo me quedé más tranquilo. Con el miedo a volar en Ryan-air se me olvidaron todas las preocupaciones. No sé por qué, en estos años, me he vuelto a acordar de mi fugaz amigo pamplonés...
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