Algunos economistas advierten del riesgo de hiperinflación por las inyecciones al sistema financiero. Otros hablan de deflaciones brutales a causa de un desplome de la demanda, fundamentado en la no concesión de créditos y la baja petición de los mismos por incapacidad de apalancamiento. Unos estudiosos proclaman (Krugman entre ellos, y ojo porque es el mesías de ZP) que hay que subir el gasto público para seguir estimulando la economía (tres años después seguimos igual) y otros hablan de austeridad. Unos dicen que el dólar será refugio; otros huyen de él.
Cuando los economistas no se ponen de acuerdo, algo se me estremece en el interior. Usando el common sense, ¿qué diría cualquier mortal que esto escuchara? Pues sí, que nadie tiene ni puñetera idea de lo que va a pasar. Y teniendo en cuenta que la economía se mueve fuertemente por la expectativa, esto tiene que ser muy mala noticia, porque sin expectativas no hay negocio. Ojo, que con malas expectativas también se hace negocio (aunque no economía).
Quizás esté pasando lo que me ocurre a mí cuando pregunto por una calle. La gente te responde tenga o no tenga idea, el triunfo estriba en no callarse. Total, ya volverá a preguntar cuando llegue a la jungla.
En realidad no es que hablen por hablar, sino que intentan dar una explicación a una situación de "excepcional incertidumbre", que evitando eufemismos significa que nunca ha pasado esto. Ves, esto sí que asusta.
En definitiva, los economistas no se ponen de acuerdo, la situación es sumamente compleja (y lo que no sabemos y lo que no nos dicen y lo que no saben ni ellos), nadie sabe cómo acertar. Mientras siguen jugando a adivinos nuestro sistema se hunde, lentamente pero sin remedio, y tanto sector público como privado continúa pagándoles por acertar la quiniela del domingo. Me parece bien, cada uno se gana la vida como puede.
No hay comentarios:
Publicar un comentario